“Llegaron llenos de patriotismo, enamorados de un puro ideal y con su sangre noble encendieron la llama augusta de la libertad…” A la memoria de dos ejemplares dominicanos, recientemente fallecidos y, de inigualable abnegación revolucionaria: Juan Ducoudray y Miguel Cocco. A fines de enero de 1959 el líder de la triunfante Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, desde la Universidad Central de Venezuela, en Caracas, inició una campaña de recaudación de fondos, para derrocar la tiranía de Rafael L. Trujillo, en la República Dominicana, y poder así comprometerse ante la dirigencia política del exilio dominicano que residía allí de que su decisión era firme con dignidad y principios. Así que, el 29 de marzo de 1959 se constituyó en La Habana, Cuba, el Movimiento de Liberación Dominicana (MLD), y su brazo armado, el Ejército de Liberación Dominicana (MLD), que como frente político pluralista enarboló un programa mínimo para impulsar el derrocamiento de la tiranía trujillista. Es de apuntar aquí, que este frente logró atraer a sus filas lo más sano y valioso del exilio dominicano que se hallaba disperso en diferentes lugares. Hombres y mujeres de diversos sectores sociales y de distintas ideologías, que tenían como objetivo capital liberar al pueblo dominicano del régimen trujillista ingresaron al Movimiento de Liberación Dominicana. Ese Programa Mínimo de Liberación Nacional se hizo de público conocimiento a todos los dominicanos y dominicanas, fuera y dentro del país, y por diferentes vías de comunicación. Contenía los puntos esenciales que de una u otra manera unían a todos los exiliados dominicanos, y a aquellos que en el país tenían los mismos propósitos, aunque tuviesen diferentes tendencias ideológicas y políticas, pues, los objetivos fundamentales que impulsaban eran de capital importancia para iniciar la lucha armada contra Trujillo y su régimen. Perseguía este movimiento revolucionario a través de ese programa, aspectos que todavía el pueblo dominicano, pese a sus más de cuatro décadas de vida democrática no ha logrado alcanzar en lo político, en lo social, en lo económico, y en lo internacional. Por ejemplo, el Programa Mínimo enarbolado por el Movimiento de Liberación Dominicana planteaba la erradicación del analfabetismo; el desarrollo de las políticas económicas tendentes a “asegurar posibilidades de trabajo a toda la población laboral”; la aplicación de una política internacional independiente con todos los países del mundo, y en condiciones de igualdad, entre otros. Todavía hoy, los dominicanos ni siquiera tenemos resueltos los problemas básicos que nos aquejan: agua potable para todos, energía eléctrica, salud, vivienda adecuada, etc. que son ejes fundamentales para el bienestar y el progreso de nuestro pueblo, en un régimen democrático, independientemente del color del partido político que nos dirija. El movimiento revolucionario iniciado con la expedición del 14 de junio de 1959, pues, se traducía en la voluntad de todos los dominicanos y las dominicanas de luchar por derrocar la tiranía trujillista. Doloroso era el tener que recurrir a la violencia, empuñando las armas para poder cristalizar aquel noble empeño. Pero no había en aquellos momentos otro camino posible. El régimen de Trujillo que había nacido fruto de la usurpación y el crimen, para mantenerse en pie implementaba las más espantosas artimañas represivas, jamás vistas en país alguno de América. Muchos hogares dominicanos quedaron destruidos. La familia dominicana quedó dividida. Todo era víctima del terror y la sangre desatada por la tiranía. Trujillo transformó durante más de tres décadas la nación dominicana en un Feudo personal, ahogando, además, todas las manifestaciones de progreso y libertad de los dominicanos, utilizando el genocidio como método político, y proyectando el terror a todos los confines del mundo. Nunca vivió el pueblo dominicano “una época de mayor vergüenza y martirio” como la implantada bajo la tiranía de Trujillo. Ello explica la unificación de los dominicanos y su afán denodado por liquidar por todos los medios a su alcance aquel régimen oprobioso a que estábamos sometidos. La realización de estos fines entrañaba, pues, “la transformación integral de las condiciones de vida del pueblo” dominicano; y, significaba a la vez la destrucción de una estructura político-social profundamente corrompida. Y, evidentemente, que el paso inicial para ello era la insurrección armada, iniciada hace este 14 de junio de 2009 50 años, por valientes revolucionarios dominicanos, soldados de la libertad y la justicia social; En ella no cabían, por tanto, los enemigos del pueblo! No obstante haber sido un fracaso militar completo, la expedición del 14 de junio de 1959 liderada por el comandante Enrique Jiménez Moya, tuvo una trascendencia de primer orden sobre el devenir histórico de la República Dominicana. Su impacto fue decisivo como componente, en la caída de la tiranía de Trujillo. Con ella se estimuló de manera rápida la resistencia de los grupos armados de la pequeña burguesía dominicana y de los trabajadores urbanos contra Trujillo y su régimen. Desde otro punto de vista, la invasión, como acontecimiento político, marcó el inicio del proceso de derrumbamiento de la tiranía. Así pues, la etapa coyuntural iniciada con la expedición del 14 de junio de 1959, y que se prolonga hasta el 30 de mayo de 1961, es la más importante de los 31 años del régimen trujillista, porque en ella se resume el efecto de la crisis que sacudió sus cimientos. En el lustro de 1955-1959, Trujillo recurrió de manera reiterada y creciente a la emisión de papel moneda “inorgánico” para adquirir, primero, la compañía eléctrica de Santo Domingo, hoy CDEEE; y, segundo, para financiar la denominada Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre, celebrada en 1955, y además, adquirir los ingenios azucareros que conformaron el Consejo Estatal del Azúcar (CEA). Todo esto unido a la situación geopolítica que se vivía entonces en el Caribe entre 1958 y 1959, con el derrocamiento del dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez a finales de enero de 1958, y con triunfo de la Revolución Cubana liderada por Fidel Castro a finales de ese año, más el reforzamiento del aparato represivo del régimen, para controlar y aplastar la ola del creciente movimiento clandestino que se gestaba, concluyó con el derrumbe final de la tiranía en 1961. A 50 años de la expedición armada del 14 de junio de 1959, fraguada en playas extranjeras por valerosos hijos de Quisqueya y de otros pueblos hermanos, en solidaridad para decapitar a Trujillo y su régimen de sangre y terror, los dominicanos y las dominicanas de nobles sentimientos rendimos homenaje merecido a nuestros mártires y heróes y, reivindicamos sus anhelos de lucha y sacrificio por una patria más digna, más justa y más humana como la soñaron Duarte, Sánchez, Mella, Luperón, Caamaño y Juan Bosch. ¡Loor a nuestros mártires y heróes del 14 de junio de 1959! ¡Venceremos! El autor es escritor e historiador E-mail: jmendezjiminian@yahoo

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